La española que anticipó el libro electrónico


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Idoia Larrañaga

BBC Mundo

Si uno busca en internet quién fue la persona que inventó el libro electrónico, casi todas las búsquedas dan como resultado el estadounidense Michael Hart en 1971.

Pero lo que muchas personas desconocen es que mucho antes, en 1949 y posteriormente en 1962, una maestra española, Ángela Ruiz Robles, presentó una patente de lo que se podría considerar el precursor del actual libro interactivo.

“En la historia del e-book hay un eslabón perdido: el libro mecánico patentado en 1949 por una maestra española”, le dice a BBC Mundo su nieto y funcionario del Ministerio de Economía y Competitividad, Daniel González de la Rivera.

Según las palabras de Ruiz Robles, su invento, una enciclopedia, era un libro “ideovisual, didáctico y a su vez interactivo”.

Funcionamiento

Así es como, en su momento, la autora explicó la forma en la que operaba:

El libro mecánico fue inventado medio siglo antes que los libros electrónicos actuales.

“Abierta, consta de dos partes. En la de la izquierda lleva una serie de abecedarios automáticos, en todos los idiomas: con una ligerísima presión sobre un pulsador se presentan las letras que se deseen, formando palabras, frases, lección o tema y toda clase de escritos.

“En la parte superior de los abecedarios lleva a la derecha una bobina con toda clase de dibujo lineal, y en la de la izquierda otra con dibujo de adorno y figura.

“En la parte inferior de los abecedarios, un plástico para escribir, operar o dibujar. En la parte interior, un estuche para guardar asignaturas. En la parte de la derecha van las asignaturas, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, pudiendo llevar la propiedad de aumentos, pueden ser estos libros luminosos e iluminados para poder leerlos sin luz.

“A la derecha e izquierda de la parte por donde pasan las materias lleva dos bobinas, donde se colocar los libros que se desee leer en cualquier idioma; por un movimiento de los misma van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quieran o queda recogido.

“Las bobinas son automáticas y puede desplazarse del estuche de la Enciclopedia y extenderse, quedando toda la asignatura a la vista; puede estar sobre una mesa (como los libros actuales) o perpendicular, facilitando comodidad al lector, evitando con ello gran número de esfuerzos intelectuales y físicos. Todas las piezas son recambiables”.

Ligero y fácil de usar

“El invento de mi abuela era una grandísima revolución para la época. Era cambiar casi todo el soporte de papel en soporte de bobinas. Un cambio para las editoriales y sobre todo para la forma de aprender de los jóvenes”, dice Daniel.

“Sus alumnos eran el objeto de todos sus desvelos y preocupaciones. Tenía la certeza de que por medio de la enseñanza se hacían las generaciones más justas y los países más prósperos, y a eso dedicó toda su vida”.

“El invento de mi abuela era una grandísima revolución para la época”

Daniel González de la Ribera

Y agrega: “Si lees las patentes del 49 y luego la del 62 te das cuenta que estaban pensados para hacer los libros de enseñanza más accesibles y ligeros de peso”.

“Hoy casi todo el mundo en el metro lee libros electrónicos. El mérito de mi abuela es que empezó a pensar en esta idea en los años 40”.

Además de ser ligero, el libro mecánico disponía de sonido, luz y cristal de aumento.

Permitía el aprendizaje en varios idiomas y favorecía la interacción del alumno mediante botones. Además se podía leer en horizontal y vertical.

Desgraciadamente, pese a a su potencial, el invento no salió adelante.

El problema principal fue que Ángela no encontró inversores que apostaran por su proyecto.

Cuentan que recibió una oferta de Estados Unidos que, al parecer, rechazó porque su ilusión era que se comercializara en España.

Distinciones

El libro electrónico de hoy.

El hecho de que fuera mujer y viviera en una época en la que la máxima aspiración profesional su género podía ser convertirse en maestra de escuela hace que el mérito de Ángela Ruiz Robles sea mayor.

Nacida en León en 1895, años más tarde se afincó en la ciudad gallega de Ferrol, en el norte de España. Es allí donde desarrolló su carrera en los años 50.

Las mujeres de aquella época no tenían cabida en los campos de la invención, ni de la empresa, ni del emprendimiento. Pero ella, viuda y madre de tres hijas, consiguió entrar en todos ellos, algo por lo que fue reconocida nacionalmente con la distinción de Alfonso X El Sabio y con la medalla de oro en la Exposición Nacional de Inventores Españoles.

Internacionalmente se le otorgó la medalla de plata en la Exposición Internacional de Inventos de Bruselas, en 1963.

Además del libro mecánico, Ruiz Robles escribió 16 obras sobre gramática y taquigrafía.

Su nieto explica que aprovechaba para trabajar durante la noche y asegura que recuerda “el sonido de su máquina de escribir”.

“Es un ejemplo de lucha, de perseverancia y de estímulo.”

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