La Biblioteca del hombre que quemaba libros


adolf_hitler

El Nacional / Unas preguntas que flotan: ¿Puede una biblioteca retratar a su dueño? ¿Somos lo que leemos? ¿Qué nos dice o qué deducimos de los volúmenes que atesora una persona?

Una tarea: buscar pistas en los libros, no sólo en lo que sus párrafos dicen sino también en las notas al margen, en el sello del exlibris , en las dedicatorias, en el lugar que ocupaban en el conjunto, en el recorrido que hizo para llegar a la estantería personal, en los comentarios de su dueño.

Las preguntas y la tarea las asumió, al menos en principio, el historiador y periodista Timothy W. Ryback para escribir Los libros del Gran Dictador. Las lecturas que moldearon la vida y la ideología de Adolf Hitler . El libro es producto de una investigación de más de seis años, que consistió en el análisis de algunos volúmenes de la colección privada de Hitler que se encuentran en la Biblioteca del Congreso, en Washington. En su estudio Ryback busca construir el relato que articulan esos textos; intenta dibujar un mapa parcial de lo que leía y lo que buscaba Hitler en ellos.

El propósito de Ryback parte y convive con una imposibilidad: la de no poder reconstruir la biblioteca de Hitler, que pasó por un proceso de destrucción y dispersión. Así, el corpus de la investigación es una mínima selección del fragmento que se conserva de la biblioteca de Hitler que, además, no tiene el orden que le había asignado su dueño en las estanterías.

Hitler leía desde que era cabo del 16° Regimiento de Infantería bávaro de la reserva. En su primer apartamento del número 41 de la Thierschstrasse, en la ciudad de Munich, su biblioteca creció gradualmente y, para 1955, ya era parte de los bienes que declaraba. “Ese año, su colección de libros fue una de las pocas posesiones que registró en su declaración de la renta. En un magro inventario en el que también mencionaba su escritorio y una silla, consignó ‘dos librerías con libros'”.

En la década siguiente la colección aumentó exponencialmente, se puede verificar, de nuevo, en la declaración de bienes. “Su mayor gasto deducible, después de los gastos personales y los viajes por motivos políticos, fue en concepto de libros: 1.692 marcos en 1930, con cantidades similares en los dos años siguientes. Cuando en noviembre de 1934 aseguró las propiedades de su residencia en Múnich con la compañía aseguradora contra incendios Gladbacher, calculó el valor de sus posesiones en 300.000 marcos. La mitad de esa cantidad estaba a la colección de arte; el resto a los libros y otros objetos de valor”.

Dos testimonios periodísticos de la época ayudan a dibujar la magnitud de la biblioteca del jefe nazi. En 1935, Janet Flanner escribió un perfil de Hitler para el New Yorker y calculó que la “magnífica” biblioteca tenía unos 6.000 volúmenes. Unos años después, el corresponsal en Berlín de la United Prees International, Frederik Oechsner, estimó que la biblioteca acumulaba unos 16.300 volúmenes. La estimación de Oechsner ha sido corroborada por una investigación de Philipp Gassert y Daniel Mattern; ellos estudiaron los libros de Hitler que se conservan y materiales de archivo, como las listas de adquisiciones para la biblioteca de la Cancillería del Reich, y llegaron al cálculo de Oechsner.

Los 16.300 ejemplares estaban repartidos en tres lugares: Berlín, Múnich y Obersalzberg. Al finalizar la guerra, los libros que estaban en la Cancillería del Reich en Berlín fueron enviados a Moscú; otros desaparecieron; muchos de los que estaban en las otras dos ciudades fueron tomados por los soldados que buscaban un recuerdo; y un grupo de 3.000 volúmenes fueron encontrados en una mina de sal en Berchtesgaden (enviados allí en 1945 por órdenes de Hitler). De ese lote provienen los 1.200 que se conservan en la sección de Libros Raros, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Otro grupo pequeño, de 80 según precisa Ryback, está en la Biblioteca John Hay de la Universidad de Brown, en Providence.

En la biblioteca personal de Hitler había libros sobre historia militar (la mayor cantidad), sobre arte y arquitectura, de filosofía, literatura, religión, historia universal y geografía. En los estantes se podían encontrar, por ejemplo, una edición facsímil de cartas de Federico El Grande; una análisis de Parsifal ; una monografía sobre las profecías de Nostradamus; biografías de Julio César o Inmanuel Kant; la Historia alemana , de Heinrich Class; El judío internacional , de Henry Ford; una adaptación de Dietrich Eckart de Peer Gynt ; Robinson Crusoe y obras de Shakespeare.

Ryback acota que Hitler no leyó todos los libros de su biblioteca, incluso, algunos ni siquiera los vio. Ese lote, según el autor, constituye dos tercios del total. Entonces, lo que hizo Ryback fue estudiar un grupo de ejemplares que el jefe nazi estudió y anotó y que le dieron “algunos detalles pequeños pero reveladores”. “Para el presente libro -escribe Ryback- he seleccionado, de entre los libros que se conservan, aquellos que tuvieron importancia emocional o intelectual para Hitler, los que ocuparon sus pensamientos en sus momentos íntimos y determinaron sus palabras y acciones públicas. Uno de los primeros es una guía que adquirió por cuatro marcos un lunes gris de finales de noviembre de 1915, cuando tenía 26 años y servía como cabo en el frente occidental. El último es una biografía que leyó treinta años después, en la primavera de 1945, durante las semanas anteriores a su suicidio. He seleccionado sólo aquellos libros de los que existen pruebas inequívocas de que fueron propiedad de Hitler”.

El estudio de Ryback sigue un orden cronológico de las lecturas que, según él, moldearon la vida y la ideología de Hitler. Mientras describe esos libros y cómo el jefe nazi se relacionó con ellos, acumula una red de anécdotas y episodios de la vida de Hitler y de la llegada del nacionalsocialismo al poder. El autor no resistió la tentación de “biografiar” al personaje mientras describe los hallazgos de su estudio. Por ejemplo, el análisis de la relación que Hitler entabló con el Peer Gynt se desplaza hacia la descripción y evaluación de la influencia que Dietrich Eckart tuvo sobre Hitler.

Si bien Los libros del Gran Dictador no agrega mucha información a la que ya tenemos sobre la personalidad de Hitler, su lectura puede ayudar a comprender su mundo intelectual. El personaje era un lector compulsivo, de eso hay varios testimonios, que buscaba atender las carencias en su formación. Sin embargo, no fue sistemático, acumulaba libros, y lecturas claro, sin orden; y muchísimos ejemplares de su biblioteca fueron regalos.

Ryback nos dice que a pesar del uso por parte de los nazis de conceptos nietzscheanos, tiene pocas pruebas de que Hitler “se hubiera ocupado personalmente de la filosofía seria”. Allí no hubo una inquietud intelectual sólida. Para el autor, la serie de 50 libros que Julius Friedrich Lehmann le regaló a Hitler fueron más influyentes en la formación de la visión del líder nazi pues “representan el legado nacionalsocialista en todo el espectro y las facetas de su mendacidad y constituyen un verdadero compendio de los disparates e iniquidades de índole moral, ética, social, política, legal, económica e histórica asociados a la época nazi”.

Uno de los primeros libros que atesoró y leyó minuciosamente Hitler fue el Berlín de Max Osborn, autor judío prohibido por los nazis que se exilió en los Estados Unidos. Ryback señala que el ejemplar fue comprado en 1915 por Hitler y estuvo en su biblioteca personal hasta el final. Lecturas como estas, entre otras, hablan de su aspiración artística y su vocación de arquitecto, ambas frustradas (“A principios de otoño de 1914, cuando se alistó al ejército, en la casilla relativa a su profesión escribió: ‘Artista'”).

Los lectores encontrarán datos como estos a lo largo del libro, sabrá que Hitler “alineó Don Quijote junto con Robinson Crusoe , La cabaña del tío Tom y Los viajes de Gulliver entre las grandes obras de la literatura universal”, o que “consideró a Shakespeare superior a Goethe y Schiller”; tendrá una panorámica; conocerá historias alrededor del jefe nazi y de la ascensión del nacionalsocialimo, pero la forma como esos libros “moldearon su vida” no está clarificada con este libro. Ahí siguen las preguntas que movieron al estudio.

FICHA DEL LIBRO

Los libros del Gran Dictador. Las lecturas que moldearon la vida y la ideología de Adolf Hitler

Timothy W. Ryback

Destino

Barcelona, 2010

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s