La biblioteca ante los nuevos retos de la comunicación: el bibliotecario desorientado


Por Fernando Juárez Urquijo

Nokia, la empresa que lideró la llegada de la telefonía móvil a nuestros bolsillos, ha sido comprada por uno de los grandes, Microsoft, escenificando algo que muchos colegas no quieren asumir: la comunicación ha cambiado. La próxima vez que vayamos a comprar un móvil ya no habrá “teléfonos”; seguirá habiendo un lugar para la voz pero dentro de un engranaje multimedia en el que tendremos que decidir cómo usar las posibilidades.

El otro día, en un curso de formación, un bibliotecario se jactaba de no tener uno de esos smartphones que están tan de moda y al que él personalmente no veía beneficio alguno; tenía más que suficiente con un simple móvil. Era su reacción a mi comentario sobre que lo primero en lo que me fijo cuando conozco a algún colega es en su móvil y en cómo lo usa. Sin entrar a valorar los tópicos que manejamos para justificar nuestra renuncia a su uso (son una intromisión de lo laboral en lo personal, alienan a las personas, son cacharros para jóvenes que ya no leen por su culpa y lindezas similares) considero que una persona que no esté familiarizada con estos dispositivos no podrá entender ni interiorizar las nuevas formas de comunicación. No afirmo que mi dispositivo sea mejor ni mi opción la correcta, pero sí que el uso de estos dispositivos es un buen entrenamiento para entender cómo se produce la comunicación en la sociedad de la información. Y ese conocimiento, a diferencia de períodos anteriores, se adquiere y perfecciona en el ámbito personal.

Consolidar los canales de comunicación es clave para fomentar una implicación emocional que fortalezca las relaciones interpersonales. En las bibliotecas la comunicación con el usuario, que tradicionalmente hemos vehiculado desde nuestros mostradores, está siendo modificada por las nuevas reglas de la sociedad en red. Entre los nuevos factores a tener en cuenta destacan la pérdida del monopolio de la información, la desmaterialización del libro y la importancia de la tecnología en la relación no presencial. Con internet y los buscadores se desvanece la posición privilegiada a la hora de contactar (el usuario no necesita venir a nosotros), las nuevas formas de intermediación y acceso a la lectura derivan a los posibles lectores hacia otros intermediarios y en la relación no presencial, cada vez más importante si tenemos en cuenta los factores anteriores, se interpone entre nosotros y el usuario una tecnología que tenemos que aprender a utilizar y, sobre todo, entender.

Ahora que el subidón 2.0 está finalizando descubrimos que asociar internet con cierta facilidad para hacer funcionar rápidamente cualquier iniciativa es un espejismo. Comentaba Natalia Arroyo que estar en las redes sociales no garantiza establecer un vínculo que se traduzca en una mayor utilización de nuestros servicios1. La comunicación, que antes estaba muy mediatizada a nuestro favor por la posesión de la colección, depende ahora de nuestra destreza con herramientas y dispositivos con los que hay que familiarizarse en un entorno personal, cotidiano y no laboral.

Las bibliotecas estamos en las redes (como todo el mundo) pero el feeling con nuestros usuarios no mejora como esperábamos. ¿Por qué no tenemos éxito en la relación no presencial? Habrá muchas causas pero en mi opinión influyen el entorno laboral (nos estamos centrando en utilizar unas nuevas herramientas desde una organización que mantiene una mentalidad excesivamente analógica) y nuestra actitud personal. El mismo profesional que tiene que alimentar Facebooknecesita que le den permiso para poder hacerlo, recela del smartphone al que considera una intromisión de lo laboral en lo privado y no sabe muy bien qué quiere conseguir. Hemos actualizado las herramientas pero no el contexto…no me extraña que no demos con la tecla.

Cuando la informática llegó a las bibliotecas no había PCs en los hogares ni habíamos oído hablar de internet; las máquinas eran para trabajar y existía una división nítida entre lo laboral y lo personal. Aquel primer contacto con las nuevas herramientas digitales propició un mejor rendimiento analógico; podíamos seguir haciendo lo mismo de siempre en menos tiempo: comprar libros, describirlos, almacenarlos y prestarlos. No parecía necesario un cambio de mentalidad para usar el ordenador: teníamos el control sobre los soportes, marcábamos el ritmo de implantación tecnológica y dominábamos el tempo de una comunicación que se mantenía jerárquica, vertical y unidireccional.

A diferencia de lo sucedido con los PCs, la biblioteca se acerca sin ventaja al smartphone y parece haber llegado con recelo y precipitadamente a lo digital. El uso social de la tecnología nos ha sobrepasado y nuestros usuarios se mueven por unos terrenos a los que podemos acceder fácilmente desde casa pero no desde el trabajo. En los nuevos canales de comunicación el yo personal adquiere ventaja sobre el yo profesional. Viendo nuestros móviles parece que nos cuesta asumir la necesaria “persoprofesionalización” de nuestra profesión…

Fuente: Grupo ThinkEPI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s