V Concurso Nacional de Poesía

 
La Plataforma del Libro y la Lectura del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, abre el V Concurso Nacional de Poesía, enmarcado en la undécima edición del Festival Mundial de Poesía, Venezuela 2014, que se realizará desde el 13 hasta el 18 de junio en todo el país.
 
En este certamen poético pueden participar todos los escritores venezolanos y extranjeros residenciados en el país, que presenten, hasta el viernes 2 de mayo, una copia impresa y una versión digitalizada de su obra inédita y escrita en español, con un mínimo de sesenta (60) y un máximo de ciento veinte (120) cuartillas, la cual debe ser firmada con seudónimo y enviada en sobre cerrado a la Coordinación de Promoción y Eventos de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, ubicada entre las esquinas de Mercedes a Luneta, parroquia Altagracia, municipio Libertador, Caracas.
 
Igualmente, en un sobre aparte, deben incluirse los datos del autor: nombres y apellidos, cédula de identidad, título de la obra participante y seudónimo con el que firmó, números de contacto, dirección de correo electrónico y reseña biográfica con un máximo de dos (2) cuartillas. Asimismo, el veredicto será anunciado en el marco del Festival Mundial de Poesía y el ganador recibirá un premio en metálico de quince mil bolívares (Bs. 15.000,00) .
 

Por último, para ampliar las bases, pueden visitar nuestra página web: www.casabello.gob.ve o comunicarse con la Coordinación de Promoción y Eventos a través de los números telefónicos: (0212) 562 55 84 / 562 73 00. Del mismo modo, los invitamos a seguir nuestra cuenta en Twitter: @casa_bello para mantenerse informados de los talleres, concursos y demás actividades que abarcan la creación literaria.

 

 

 

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La inundación vista por un poeta

palabrasaflordepiel

Vivo en un país tropical, cosa que suelo disfrutar: buen clima, gente alegre, fiesta continua. Sin embargo, ahora una tormenta en el Pacífico y un huracán en el Golfo de México (Atlántico) tienen a medio país bajo el agua, millones de damnificados, desabasto, estados incomunicados por tierra, mar y cielo. En la foto, la inundación cubre la carretera al puerto de Acapulco.

Como siempre, busco la voz de los poetas, que ponen en palabras lo que al resto sólo nos saca llanto. Estos versos, del chiapaneco Efraín Bartolomé, fueron escritos a propósito de una de las muchas inundaciones que cada año padece México. Así está hoy mi país querido.

El río trajo troncos y lúbricos helechos:/
la creciente mantuvo mi memoria anegada./
La inundación es gris. La niebla húmeda nada/
entre ruinas y patos y lúgubres desechos.//

Mundos rotos, barcazas, heridas en el pecho/
del río, y un olor como…

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Convocatoria Antología Amigos Negro Sobre Blanco

Negro Sobre Blanco Grupo Editorial convoca a la Antología de Cuentos de Amigos de Negro Sobre Blanco. Convocatoria abierta para los amigos de la editorial que no hayan publicado ningún libro bajo este sello y nos sigan a través de Facebook y Twitter, tanto la editorial como la revista Buró.

Las bases son las siguientes:

1.       Podrán participar autores venezolanos.

2.       Las obras deberán escritas en español

3.       No podrán participar escritores publicados bajo el sello Negro Sobre Blanco.

4.       Los participantes deben seguirnos en la página de Facebook, Twitter y blogs.

5.       El género será el cuento y debe girar en torno a temas sociales, locales, urbanos, pueden contener denuncia, protesta, critica. Teniendo la libertad de desarrollar cualquiera de estos temas con el estilo propio del autor.

6.       Los cuentos deberán tener entre 10 y 12 páginas de extensión, en letra Times News Roman tamaño 12 espacio y medio. De no cumplir con este punto…

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De ti, la incertidumbre

Ellos siempre habrían de recordar aquella noche por causa del calor tan insoportable e infrecuente. Cierto, mayo, en el centro de su país tropical. Pero, al fin y al cabo, no vivían sino en una montaña elevada, y las montañas son frescas, hasta frías. Ellos siempre recordarían que se conocieron ese día; no porque sospecharan, ni más remotamente, que significarían alguna cosa en la vida del otro, no; ni tampoco porque él fuese tan bien parecido y ella estuviese tan bien vestida, -porque por cierto, venía de una fiesta-. Se trató más bien de una de esas coincidencias, cuyo origen se pone en duda y hasta se diría que no fue jamás fortuita, misteriosa… A eso de la una de la madrugada; todo de un obscuro casi siniestro, el caluroso aire viciado hasta hacerse impertinente. Ella, la alcaldesa del pueblo. Él, un ingeniero, medio impetuoso; científico de los más acérrimos.

El acontecimiento, explicable sólo con teorías tan descabelladas como increíbles. No la lluvia, pese al calor; no el derrumbe, en los suburbios, de algunas residencias mal hechas, no, eso tampoco. El pequeño desborde de un río, protegido de todas formas por amplios tabiques, menos. Un halo de luz intenso, sí, una gigante bola de fuego desde el cielo cayendo lenta como un copo de nieve sobre el pavimento de la vía principal hacia el pueblo. Y, de repente, al tocar el suelo, un estremecimiento cataclísmico, el impacto de cientos de gramos de TNT pulverizando los árboles de los ya despoblados bordes de la vía y destrozando las aceras y la ruta de los ciclistas, una suerte de terremoto silencioso. Y sus autos se detuvieron a tiempo, casi chocaron, atónitos de tanto desconcierto, cuando todos los cauchos explotaron.

La mujer, con un femenino ataque de crisis, no quiso si quiera asomarse, no podía soltar el volante. La lluvia cesó, la luz desapareció; él salió de su carro, sin estar seguro de hallarse despierto. Delante de él ese auto rojo, y todavía más allá… El primer instinto, ayudar. Tocó el vidrio de su ventana, sin hallar respuesta. Una mujer tan bella sólo podía pertenecer a sus sueños, pero hasta hacía tan sólo unos minutos no estaba soñando, sino que conducía camino a casa, vestido de un calor insufrible pese a la hora. Y luego, la lluvia amenazadora, aún cuando las  curvas de la carretera le resultaran tan familiares. Pensó que había sido testigo de un poderoso rayo caído del cielo en medio de una incipiente y frustrada tormenta, pero un rayo, por más poderoso que fuera no habría podido explicar y justificar el daño al que sus ojos, en medio de la vetusta oscuridad, se estaban acostumbrando. Miró al cielo. No luna, no estrellas. Simplemente oscuridad. Volvió a tocar su puerta y esta vez ella sí reaccionó. Era una mujer muy razonable, a todo le encontraba una explicación. De modo que habló y habló sin detenerse, quizá describiendo para sí misma, quizá argumentando lo que también veía.
Pensaron que era un meteorito. Después de todo, los meteoritos caían y destruían la zona donde caían. Sin embargo, él era científico y sabía que los meteoritos caían a una velocidad mucho más rápida que aquello, y dejaban como resultado un cráter, no así lo que sus ojos veían. Tomando en cuenta la distancia en la que se hallaban, si hubiese caído un meteorito, ellos hubiesen muerto sin falta. Eso él trató de explicarlo, ella no quiso escucharlo. Para ella el asunto ya estaba claro; pequeños meteoritos que no podrían hacer mayor daño.
Ellos nunca olvidarían esa noche en que se conocieron pues, con el paso del tiempo, fue tan difícil explicar de verdad lo que sucedió -y lo que los retuvo del otro lado de la vía hasta el día siguiente, hasta que ella misma ordenó que les fuese construido un puente y paulatinamente la vía fuese rehecha-, que sería tanto como imposible no tenerlo constantemente presente. Así, inmersos en una perpleja curiosidad, investigando en los periódicos amarillistas del extranjero, leyendo libros sobre sucesos extraordinarios para hallar el parecido, se hicieron amigos, y con el tiempo, algo más que amigos.
Ellos siempre habrían de recordar el enigmático suceso que les dejó esa sensación de no vivir en un mundo real, cuando ese hasta hermoso halo de luz de las alturas, meteorito astral, bola de fuego, relámpago torpe y tardío cayó tan así del cielo, y destruyó por completo el paso hacia su pueblo, tan sereno y tan indolente, y que, cargando el ambiente de una bruma enrarecida por una gelatinosa visión de la nada, que además lastimaba tan duramente la vista, los dejó por el resto de aquella noche en frente de una todavía siniestra y blanquecina área desolada.
Maureen Morgado
Lic. UCV Idiomas Modernos
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