La Hoja Naranja

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Guion e ilustración: Sol Díaz Castillo
Editorial: Ril Editores
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela gráfica

 

De acuerdo al contrato social nos hemos empeñado en seguir las convenciones que la sociedad dicta. Intentamos seguir aquello que ella manda, con el fin de ser aceptados, de ser nombrados buenos. Así, presa de una civilización salvaje, cientos de hombres vestidos de traje se sientan en sillones de piel a decidir sobre cómo nos matamos entre todos. En los países donde la pena de muerte es aceptada, buscan que esta sea lo más “humana” posible. Se palia el dolor físico, pero no se puede hacer lo mismo con el psicológico.

La hoja naranja se sitúa del otro lado del espejo, del rechazo a la civilización y la decisión de adoptar un lado más salvaje. Con una condición agravante, su protagonista es una mujer. Bueno, siendo exactos, está empezando a descubrir que es una mujer. Se trata de un agravante en este caso porque esta niña que adolesce, Fedora, comienza a descubrir ese elemento innombrable que es la sexualidad. Así, que de la mano, digo, de la cola, de una zorrita que la sumerge en el mundo de lo salvaje, Fedora descubre lo que hay dentro de ella como mujer, en un viaje iniciático que le revelará su lado más obscuro, su inconsciente, su sombra.

Por supuesto habrá quienes puedan sentirse escandalizados de alguna manera por el libro, sobre todo porque Fedora decide aceptarse y no reprimirse. Sin embargo, las lectoras, y lectores, agradecerán que alguien reconozca y les permita identificarse, con ese lado que el contrato social insiste en negarnos.

No está de más decirlo, se trata de un libro problematizador, de esos salvajes, que tienen muchas aristas por donde agarrarse.

 
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Víctor Valera Mora (El Chino)

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Víctor Valera Mora (Valera, 27 de septiembre de 1935 – Caracas, 29 de abril de 1984)

Fué un poeta venezolano perteneciente a la Generación del 58.

En 1951 se residencia junto a sus padres Antonio Isidro Valera y Elena Mora en San Juan de los Morros, donde transcurre su adolescencia. En 1956 obtiene el título de bachiller en filosofía y letras en el liceo Santa María de Caracas. Inicia estudios de Sociología en la Universidad Central de Venezuela, de donde se gradúa en 1961.

Ese mismo año se realiza una modesta edición artesanal de su primer libro Canción del soldado justo, Ediciones Luxor. Comparte con los poetas Caupolicán Ovalles, Ángel Eduardo Acevedo y Luis Camilo Guevara como miembro de la «Pandilla Lautréamont».

En 1969 se residencia en Mérida, donde trabaja en la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes. Dos años después, publica Amanecí de bala, con portada del pintor Carlos Contramaestre, en Impresora Regional Andina. En 1972 aparece Con un pie en el estribo en Ediciones La draga y el dragón. Entre 1974 y 1976 trabaja en la exposición de La Gran Papelería del Mundo.

En 1979 publica 70 poemas stalinistas, con portada del pintor Mateo Manaure, con el cual gana el Premio de Poesía del Consejo Nacional de la Cultura en 1980.

Por cinco años (1976-1981) se desempeña como promotor cultural del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). El 29 de abril de 1984 fallece.

Diez años después aparece Del ridículo arte de componer poesía, publicación póstuma que recoge la producción poética de Valera Mora entre 1979 y 1984.

En 2002 el Fondo Editorial Fundarte publica sus Obras completas.

Amor a cuatro manos……

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Tu voz se pinta de brillantes colores

            Suaves palabras acarician mi piel

Generando el calor y ardor

                                              [Que Sube y baja por

mi cuerpo.

 

Cada mañana se despierta llena

            de anhelos….

Cada mañana se despierta

                                plena de deseo….

 

El deseo de pensarte

          El deseo de sentirte

Cada mañana abro los ojos.

                           Cada mañana te toco.

                                 Cada mañana estás aquí……

                                                                 

                                                                 Lizzie Gallardo Guillén

                                                                                   &

                                                                Henrique Millán Medina

Lizzie….

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Eres mi única imagen en mis pensamientos,                  

mi sol,                              

                    mi luna,                                            

                              cada respiro me dice tu nombre,

                                                                             cada vez que te imagino eres el deseo que anhelo,                                                                                

                                                 el deseo que toco y el deseo que me hace decir cosas                      

                               como si un orgasmo de palabras                                                                  

                                                                                      [salieran de mis dedos, de mi boca, de mi mente.                              

Eres el todo que me complementa,

 

eres la mujer que amo……  

 

H.M.

 

La Ciudad

9786074007237

Autor e ilustrador: Armin Greder

Editorial: Océano travesía

Recomendado para: Lectores en marcha

Libro álbum

 

No hay nada más difícil que crecer, puesto que implica ser autónomo y responsable, hacerse cargo de sí mismo. Una de las pérdidas más difíciles para una madre es la de su hijo, sobre todo si ese hijo es único y en él ha cifrado toda su esperanza. Lo sé, porque vi ese desgarramiento en los ojos de mi madre el día que me fui de casa para hacer mi hogar con Elizabeth.

La ciudad trata precisamente de eso, del amor de una madre por su hijo, y como ese amor llega incluso a trascender las fronteras de la muerte para proteger y también para limitar. La madre entrega todo por su hijo, incluso su vida, alejándolo y alejándose de lo que es la vida misma. Al fin y al cabo, esa ciudad que abandona al principio, y de la que mantiene apartada a su retoño, es la vida misma con su infinita capacidad de hacer daño, pero también con su infinita capacidad para sorprendernos, para iluminarnos.

Greder sorprende de nuevo en este libro con un trabajo por el que algunos, más conservadores, pudiesen sentir algo de rechazo, al tocar un tema que algunas veces puede ser tabú, puesto que señala a padres y maestros, a los adultos, nuestras responsabilidades en la formación de los niños. Al mismo tiempo, sin embargo, señala que la única salida posible, la única manera de convertirse en adulto, para cualquier persona, es asumir la vida con toda su luz y oscuridad.

De nuevo en este volumen, empastado en cartoné con una encuadernación frágil, encontramos los expresivos trazos de Greder que nos comunican toda la profundidad de los personajes, sus relaciones y simbología.

La ciudad hace honor así a su augusto antecesor, La isla.

Sahara

Sahara libre

Sobre la polvareda del desierto

las pesadas huellas se marcan una detrás de otra,

huyendo del perseguidor marroquí.

Sobre el aire,

el buitre avisora las desperdigadas balas 

y el letal hongo,

de alguna explosión pasada.

 

Allí sobre la polvareda del Sahara,

sus hombres y sus mujeres resisten,

a pesar de las minas silenciosas y asesinas.

Sus hombres y sus mujeres se hierguen

a pesar que el opresor,

con maldad triunfa.

 

Un pueblo sólido sobre la polvareda,

que defiende su suelo, sus sueños y su vida.

¡Vida que yace en sus labios!

¡Vida que yace en su tierra!

¡Esa tierra indómita y rebelde,

se llama Sahara, hermana mía.

 

H.M.

E.E. Cummings

Edward Estlin Cummings

(14 de octubre de 1894 – 3 de septiembre de 1962)

Típicamente abreviado e. e. cummings, fue un poeta, pintor, ensayista y dramaturgo estadounidense. Aunque él no aprobaba la práctica, sus editores frecuentemente escribían su nombre con minúsculas para representar su sintaxis inusual. Cummings es mejor conocido por sus poemas que rompen con toda estructura, incluyendo usos poco ortodoxos de las mayúsculas y la puntuación, en la que los puntos y comas podían incluso llegar a interrumpir oraciones y hasta palabras. Muchos de sus poemas también están escritos sin respeto a los renglones y los párrafos y algunos no parecen tener pies ni cabeza hasta que no son leídos en voz alta.

A pesar del gusto de Cummings por los estilos vanguardistas y la tipografía inusual, una buena parte de su trabajo es tradicional. De hecho muchos de sus poemas son sonetos.

La poesía de Cummings frecuentemente trata los temas del amor y la naturaleza, así como la sátira y la relación del individuo con las masas y el mundo. Publicó más de 900 poemas, dos novelas, muchos ensayos y una gran cantidad de dibujos, bocetos y pinturas. Es considerado una de la voces más importantes de la poesía del Siglo XX.

E. E. Cummings
(1894-1962)

MI DULCE VIEJA ETCÉTERA

Mi dulce vieja etcétera,
tía Lucy, durante la reciente
guerra podía y, lo que
es más, solía decir precisamente
por
qué todo el mundo peleaba;
mi hermana
Isabel creaba cientos
(y
cientos) de escarpines para no
mencionar camisas a prueba de pulgas orejeras,
etcétera, puños, etcétera; mi
madre tenia esperanzas de que
yo muriera, etcétera,
valientemente, por supuesto; mi padre solía
enronquecer hablando de como era
un privilegio, y, ah, si el
pudiera; entretanto, mi
persona etcétera yacía tranquilamente
en el hondo lodo etcétera,
(sonando,
etcétera,
con
tu sonrisa,
ojos, rodillas y tu etcétera).
PUESTA DE SOL

Punzante
oro se enjambra
sobre los campanarios;
plata
canta las letanias, las
grandes campanas repican con rosa;
las lascivas obesas campanas
y un alto
viento
va arrastrando
elmar
con
sueño
—S.

IMPRESIÓN. IV
Las horas levántanse apagando estrellas, y es
el alba;
en la calle del cielo, la luz camina regando poemas;
en la tierra, una candela se
consume la ciudad
despierta
con un canto en su
boca, teniendo la muerte en sus ojos;
y es el alba;
el mundo
sale a matar sueños…
Miro en la calle, donde fuertes
hombres están cavando pan,
y veo las caras brutales de
gente contenta, horrenda, desesperada, cruel, feliz
Y es de día.
En el espejo
veo un frágil
hombre
soñando
sueños,
sueños en el espejo.
Y ya
es el ocaso… en la tierra,
una candela enciéndese,
y ya es de noche;
la gente está en sus casas;
el frágil hombre está en su cama;
la ciudad .
duerme con la muerte en la boca, teniendo un canto en sus
ojos.
Las horas descienden,
encendiendo estrellas…
En la calle del cielo, la noche camina regando poemas.

PARÍS; ESTATARDE DE ABRIL COMPLETAMENTE
PRONUNCIA

Paris; esta tarde de abril completamente pronuncia,
pronuncia sereno, en silencio, una catedral
ante cuya erguida, oblicua, magnifica cara
las calles rejuvenecen con lluvia.
Espirales acres de borroso rosa,
acumulado entre millas de cielo cobalto,
ceden al e inician
del crepúsculo (que grácil desciende,
lindamente), llevando en sus ojos las peligrosas primeras
estrellas.
La gente deambula, ama, apresúrase, en una gentilmente
arribante penumbra, y
ved (la luna nueva,
llena bruscamente de hirviente plata
estas rotas bolsas del cojo y mendicante color) mientras
allá y acá la floja indolente prostituta
noche, disputa
con ciertas casas.

LAS MANÍAS MÁS RARAS DE LOS ESCRITORES

murakami

Expresarse con claridad, con emoción, con garra es el objetivo principal de cualquier escritor. Y ese objetivo puede ser tan obsesivo y enfermizo como lo que hizo Demóstenes para superar sus problemas de dicción y de tartamudez.

Como su objetivo era convertirse en un gran orador, se hizo construir un estudio subterráneo y se encerró en él para practicar día y noche. También se afeitó la cabeza para que su aspecto fuese tan grotesco que le impidiera salir a la calle, y así no caer en la tentación de rendirse. Durante meses practicó y practicó, incluso con piedras en la boca. Y Demóstenes se convirtió en uno de los grandes oradores de la antigua Grecia.

Con esta mezcla de obsesión y perseverancia se conducen algunos escritores célebres a fin de obtener lo mejor de sí mismos. Por ejemplo, Alejandro Dumas vestía una especie de sotana roja, de amplias mangas, y sandalias para poder inspirarse para escribir. Al parecer, si no lo hacía, su prosa flaqueaba. Y John Milton escribía envuelto en una vieja capa de lana, casi como un fantasma.

Victor Hugo meditaba sus frases o versos en voz alta paseando por la habitación hasta que los veía completos; entonces se sentaba corriendo a escribirlos, antes de olvidarlos, tal y como explica Jesús Marchamalo en su libro Las bibliotecas perdidas:

El ya mencionado Victor Hugo, por su parte, no demasiado confiado en su propia voluntad, tenía por costumbre entregar sus ropas a su criado, con la orden de que no se las devolviese hasta que transcurriese un plazo predeterminado, aunque él se las pidiese encarecidamente. De esta forma, se obligaba a escribir sin posibilidad alguna de evadirse.

Gabriel García Márquez necesita estar en una habitación con una temperatura determinada. Debe tener en su mesa una flor amarilla, de lo contrario no se sienta a escribir. Y siempre lo hace descalzo.

Balzac se acostaba a las 6 de la tarde, siendo despertado por una criada justo a medianoche. Entonces se vestía con ropas de monje (una túnica blanca de cachemira) y se ponía a escribir ininterrumpidamente de 12 a 18 horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana. Durante todo ese tiempo, no dejaba de consumir taza tras taza.

Isaac Asimov trabajaba 8 horas al día, 7 días a la semana. No descansaba ningún festivo o fin de semana, y su horario era intocable. Cuando estaba dedicado a escribir, su media era de 35 páginas al día.

Haruki Murakami se levanta a las 4 de la mañana, trabaja 6 horas. Por la tarde corre 10 km o nada 1.500 m, lee, escucha música y se va a la cama a las 9. Sigue esa rutina sin ninguna variación.

Mario Vargas Llosa, que empieza la escritura a las 7 de la mañana, tiene un orden casi obsesivo, los libros de su biblioteca están ordenados por motivos curiosos: por tamaño, por países… y se rodea de figuras de hipopótamos de todas clases.

Fuente:

1001experiencias.com